La templanza cristiana tiene que ver con todas las facetas de nuestra vida aquí en la tierra y reconoce la relación íntima que existe entre los aspectos espirituales, mentales y físicos de nuestro ser. La condición del cuerpo afecta a la mente, y la condición de la mente afecta no solo al cuerpo, sino también a la relación espiritual del hombre con Dios. La verdadera templanza se puede definir como prescindir por completo de todas las cosas que son dañinas y hacer un uso juicioso de aquellas cosas que son saludables. El principio general relativo a la templanza en todas las cosas ha sido descrito en la palabra de Dios por el apóstol Pablo. 1 Corintios 10:31.